Desde sus inicios, el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) liderado por el gestor, artista y empresario Jorge Glusberg se propuso como un espacio interdisciplinario que pudiera generar un movimiento de arte experimental. Para ello, la conformación de redes de colaboración entre artistas y críticos locales e internacionales fue fundamental. Las exposiciones hicieron visibles esos intercambios, en los que la presentación de panoramas de tendencias o artistas individuales era una oportunidad para conocer las novedades del arte contemporáneo internacional; o bien de dar a conocer artistas argentinos y latinoamericanos en la escena mundial.
La voluntad de establecer lazos estrechos entre el arte de Latinoamérica y el del Europa del Este fue algo fundamental dentro de la estrategia de intercambio internacional planteada por el propio CAYC. La táctica suponía o anhelaba una “unión de fuerzas” entre escenas nacionales de países considerados tercermundistas, lo que a los ojos de Glusberg se traducía en un arte que reflejara algo vertebral: problemáticas en común. La inclusión en esta exhibición de artistas argentinos consagrados internacionalmente a través de la Biennale di Venezia y otras exposiciones, puede entenderse como una apuesta por afianzar otro tipo de vínculos con los países entonces socialistas. Asunto particularmente significativo en el contexto de la Guerra Fría y el auge que cobró en América Latina la teoría de la dependencia, la cual explicaba la pobreza endémica de esos países desde la opresión ejercida por las grandes potencias, tanto en lo económico como en lo cultural.
La elección en favor de aquellos identificados como “geométricos y constructivistas” responde a que la abstracción era, por entonces, la tendencia triunfante del modernismo internacional; en el caso de Argentina, arrastraba un bagaje desde las décadas de cuarenta y cincuenta. Los nombres incluidos en la categoría “gráficos con computadoras” permiten suponer que las piezas enviadas son aquellas exhibidas en Arte y Cibernética (Galería Bonino, sede en Buenos Aires, 1969), donde los artistas tuvieron la colaboración de ingenieros y analistas de sistemas de la UBA (Universidad de Buenos Aires) y las escuelas técnicas ORT, para adaptar sus ideas a las posibilidades que ofrecía el software de IBM para la ilustración de las obras vía plotter.