En "La orientación conveniente al arte y a la cultura de América", el artista y teórico uruguayo Joaquín Torres-García expone una estrategia mediante la cual diferenciar el arte latinoamericano de las tradiciones y tendencias artísticas europeas y, al mismo tiempo, abordar lo que considera como la cuestión universal sobre el arte. El autor asegura también que, aunque ciertas inclinaciones o determinados temas artísticos son característicos de la época en que fueron creados, su materialización varía según la parte del mundo, y al tener Sudamérica su propia cultura artística, el continente podría servir como cuna de nuevos movimientos o inquietudes creadoras. Torres-García declara además que, aunque el arte latinoamericano es principalmente un producto derivado del arte europeo, los artistas latinoamericanos tienen la capacidad para destacar y distinguir sus obras si se centran en los conceptos sobre la forma y la estructura de lo eterno y universal en el arte, y si rechazan cualquier tradición artística en particular con el fin de tratar los más amplios asuntos sobre la humanidad. Las características formales que Torres-García considera que deben reflejarse en el arte son la proporción, el orden, la función de los elementos, un concepto puro de la forma y el ritmo. Luego explica que estableció la Escuela del Sur en Montevideo como laboratorio de experimentación artística donde combinar las bellas artes y las aplicadas. Según Torres-García, era importante que los artistas latinoamericanos reflexionaran sobre la ausencia de un estilo artístico sudamericano independiente, y que tras ello se implicasen en su desarrollo. No obstante, Torres-García insistía también en que los artistas debían analizar los asuntos contemporáneos en las artes, como la tensión existente entre la pura experimentación formal y el trato de los problemas sociales a través del arte.